Traspasar la frontera del mero virtuosismo es el reto de un pianista

franmille
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El solista valenciano Carles Marín regresa al Palau de la Música con piezas de Rachmaninov y Liszt mientras prepara la publicación de un nuevo disco.

Alfons garcia | valencia ­Carles Marín (Valencia, 1978) atraviesa un momento dulce. Hace un mes actuó como solista en el Auditorio de Castelló al lado de la Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV), repitió el mismo programa Tchaikovsky luego en el Festival Internacional de Piano Rafael Orozco, en Córdoba, y hoy regresa a la casa madre, el Palau de la Música de Valencia, para interpretar junto a la Orquesta de Valencia (OV) la Rapsodia sobre un tema de Paganini de Rachmaninov y la Danza macabra de Franz Liszt.

El acontecimiento de hoy tiene el «aliciente» de que el director es un viejo conocido, Cristóbal Soler, el valenciano que dirige el Teatro de la Zarzuela, viejo amigo de Marín, «aunque hace diez que no trabajábamos juntos». El momento ha llegado.

Liszt, el primer fenómeno de masas del piano es una referencia para cualquier solista de piano, un legado que perdura, comenta Marín a Levante-EMV.
Así que el repertorio de hoy lo considera «de altísimo virtuosismo y, al tiempo, de una profundidad musical fuera de lo normal».
La convergencia de esos dos vectores es el ingrediente fundamental para la genialidad. «Rachmaninov y Liszt han sido y son tan grandes por traspasar la frontera del mero virtuosismo y adentrarse en mundos creados por ellos», afirma el intérprete valenciano. Ir más allá de la ejecución virtuosa es, «sin duda», el reto de todo pianista, agrega.

Una carrera de fondo
Los tiempos no son los mejores para la cultura, con restricciones presupuestarias y una fiscalidad superlativa. Carles Marín opta por la serenidad y la reflexión: «Un músico debe dedicarse a su trabajo al margen de los tiempos que corran. Es una carrera de fondo, al margen de cualquier circunstancia no implícita a la música».
Ilusión y respeto por la partitura y trabajo a fuego lento son las armas que enarbola frente a los problemas del contexto actual.
Es tiempo, de nuevo, de grandes estrellas del piano. Lang Lang es el paradigma. Pero no hay carreras espejo, razona Marín. «Admiro a muchos pianistas, pero mi meta no es conseguir lo que ellos han hecho, sino seguir una línea de trabajo y ser fiel a mí mismo», asegura. «El camino de cada musico es individual. Hay caminos paralelos, no convergentes», añade.
El colofón de la temporada de Marín es el CD Fire Music for Solo Piano. Es el resultado del programa que realizó en la Fundación Juan March en 2014 con el fuego como leit-motiv y con obras conocidas. Lo presentará en primavera.
Además del pianista, el concierto de hoy incluye la cantata Alexánder Nevski, de Prokòfiev, por la Coral Catedralicia y la mezzo Ketevan Kemoklidze.