Carles Marín. Pianista “Virtuosismo es convertir lo complejo en asequible”

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“Virtuosismo es convertir lo complejo en asequible”

El músico valenciano publica en el sello Nibius un trabajo con obras de Wagner, Liszt, Beethoven, Debussy, Falla o Stravinski vinculadas al fuego.

PIANO FIRE. Carles Marín, piano. Nibius.

Relacionar a Carles Marín (Valencia, 1978) con el fuego por la conocida naturaleza de los festejos más célebres de su ciudad natal parece demasiado simplista. Y, en efecto, como suele ocurrir, el hecho de que haya acabado por grabar un CD con este título y contenido es producto del azar: “Me llamó Miguel Ángel Marín, que había montado en la Fundación Juan March un ciclo en torno a los elementos, y me pidió que preparara un programa sobre el fuego. Me pareció tan interesante el proyecto, hay un repertorio tan poderoso y complejo en torno a este concepto, que pensé que tenía que dejarlo registrado”. Formado primero en el Conservatorio de Torrent con Amparo Fandos, luego con Joaquín Soriano en Madrid, Ramzi Yassa en París y Aquiles Delle Vigne en Rotterdam, Marín es ahora profesor en la Universidad Alfonso X el Sabio de la capital española.

-En el programa hay mucho Wagner, empezando por una transcripción propia de La cabalgata de las valquirias, que incluso abre el disco.

-Hace años hice un recital completo sobre transcripciones de óperas de Wagner. Entre ellas aparecía una de Louis Brassin, muy bien escrita, aunque a la hora de explotar todos los recursos pianísticos quedaba algo pobre. Se me ocurrió entonces hacer una transcripción en forma de paráfrasis, añadiendo variaciones virtuosísticas, de manera que estas variaciones emularan la capacidad sonora orquestal. Ya que la idea surgió de la transcripción de Brassin hilo mi paráfrasis con la que él hizo sobre la escena final de la ópera, la del fuego mágico, que me parece soberbia. Y luego incluyo también el famoso Liebestod de Tristán e Isolda en la versión de Liszt.

-¿Qué tiene que decir Wagner, que no escribió apenas para el piano, a un pianista?

-Su relación con Liszt fue tan íntima y se influyeron tanto mutuamente que los pianistas hemos recibido mucha información subliminal de él tocando a Liszt y a otros compositores cercanos. Es cierto que no hay un repertorio pianístico puramente wagneriano, más allá de su Sonata, pero el mundo armónico de Wagner dominó de manera decisiva todo el universo romántico, no sólo el de Liszt. Su influencia casi llega hasta nuestros días.

-Por el programa que ha escogido, podría decirse que el fuego inspira el virtuosismo de los compositores, y aquí hay de todo, de Liszt a Debussy, de Beethoven a Falla, e incluso una obra escrita específicamente para el proyecto por César Cabedo…

-Seguramente el leitmotiv del fuego está estrechamente ligado a la necesidad del alto voltaje, del alto virtuosismo. Es algo muy evidente en casi todas las obras, hasta esa Danza infernal de El pájaro de fuego de Stravinski que transcribió Guido Agosti, y es de las más complejas y difíciles. Pero además hay otro hilo conductor en el programa, que es el de una grandísima profundidad musical, como la pueda tener el Liebestod o las Variaciones Eroica de Beethoven. No se trata por tanto de un virtuosismo gratuito, sino necesario e inherente al tema del disco.

-¿Qué significa para usted el virtuosismo?

-Hay muchos tipos de virtuosismo. Pero en general creo que es la capacidad del músico para convertir lo complejo en asequible. Porque no hablo sólo de la aparatosidad de los movimientos y las velocidades frenéticas, sino de la capacidad analítica del músico, de sus dotes para unir ideas musicales sin dar relevancia a un aspecto secundario, que sería la propia dificultad de la obra. Saber adecuar los recursos mecánicos a la idea musical es la mayor muestra de virtuosismo que puede ofrecer un músico, sea cual sea su instrumento. La técnica tiene que estar siempre supeditada a la dirección y el sentido de la música.

-¿Y eso cómo se traslada por ejemplo a una obra como las Variaciones Eroica de Beethoven, la más extensa obra que incluye en este CD?

-Aparte el material temático, que el músico usa también en su Tercera sinfonía y procede de su ballet Las criaturas de Prometeo, que es lo que hace que yo la incluya en el disco, aquí está todo el Beethoven que un pianista puede encontrar. Toda la exploración del instrumento, todos los juegos rítmicos, el material virtuosístico que Beethoven usara en su vida aparecen aquí al más alto nivel imaginable. Está el tratamiento excepcional del contrapunto con la gran fuga, su capacidad melódica con el Adagio… Es sin duda una de las más grandes obras pianísticas del compositor.

-Parece muy centrado en el repertorio romántico.

-Es verdad que en los últimos años la casualidad ha hecho que me desenvuelva más en este tipo de programas, porque he tenido la ocasión de tocar el Primer concierto de Chaikovski, el Segundo de Rachmáninov o su Rapsodia sobre un tema de Paganini. Pero realmente uno de los compositores que más trabajo y más me aporta a la hora de afrontar los otros repertorios es Bach. Constantemente estoy trabajando la música de Bach.

-¿Y qué le aporta exactamente Bach para un programa como este?

-Todo. Sin estudiar a Bach sería imposible encontrar todas las rutas armónicas y melódicas de por ejemplo el Liebestod, el tratamiento del peso de cada nota, de esas voces que transitan por caminos paralelos, que no convergen nunca. La única manera de hacerlo es teniendo un gran control sobre el contrapunto y la polifonía. Porque si no, ya caemos en la falsa idea de la constante melodía acompañada, que sería lo menos acertado a la hora de abordar el repertorio de este disco, con tantas voces que se bifurcan en varios caminos al mismo tiempo. La música de Bach es la que ofrece al músico, no sólo al pianista, los mejores recursos para transitar por ese terreno. Pero saliéndonos de estas obras en concreto, podemos irnos a la música de Rachmáninov o de Chopin, y ahí siempre hallamos voces diferentes, voces que cantan, cada una de las cuales tiene un sentido, una dirección, un significado propio. Y para profundizar en eso, Bach es imprescindible para un músico.

-¿Me acepta un juego? Imagínese que le ofrecen tocar el concierto que quiera con la orquesta y el director que usted escoja en su sala preferida…

-Uf, eso es un sueño. Si me permite, escogeré a un director con el que ya no podré tocar, Leonard Bernstein. La orquesta, la del Concertgebouw, en su propia sala. Y la obra es tan difícil de escoger.., pero quizás el Segundo de Rachamáninov, aunque en dura competencia con el Segundo de Brahms y el Cuarto de Beethoven.